24-3-2012
Raquel Lejtreger, subsecretaria de gobierno y a la vez una mujer que encuentra la mejor forma de comunicar en el arte. Dos vetas diferentes que se viven cruzando
ELEONORA NAVATTA P ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
Una tarde de 2011, un camión estaciona frente a la Torre Ejecutiva y comienza a bajar bolsas de cemento Artigas. Para muchos fue una curiosidad, ya que las obras en el edificio estaban terminadas, pero efectivamente a las bolsas de portland había que descargarlas en ese lugar. Eran para Raquel Lejtreger, una de las artistas plásticas elegidas para homenajear el bicentenario.
La obra de la artista, homenajeando al prócer José Gervasio Artigas, era una instalación hecha con bolsas de cemento dispuestas una sobre otra formando un prisma de 8 toneladas. Cuando los encargados del mantenimiento del edificio se enteraron del asunto enseguida pusieron el grito en el cielo: tal instalación, una carga puntual no calculada previamente, podía llegar a «comprometer la estructura» del edificio.
Lejtreger reformuló las dimensiones de su instalación pero sin renunciar a lo que considera fundamental, que es la honestidad del material.
«En un momento alguien sugirió que las bolsas de portland se rellenaran de espuma plast, pero eso nunca lo hubiese hecho, lo esencial de esa obra era el peso, incluso cargar ese peso cuando el montaje. Otra cosa a la que no renuncié tampoco fue a la altura: tenía que sobrepasar a las personas». Esta es una de las negociaciones que para Lejtreger, ahora subsecretaria del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, no es nueva, sino parte de lo que es su otra pasión: el arte.
Un gran amigo y compañero de militancia de la artista siente que esa anécdota sirve perfectamente para describir a Raquel, una mujer «capaz de mover estructuras con la sensibilidad».
Seis meses después del «Artigas» que casi mueve las de la Torre Ejecutiva, y con motivo de la muestra Arte Uruguay Hoy realizada en el marco de la Reunión Anual de Gobernadores del BID, Raquel Lejtreger vuelve a ser una de las elegidas. Pero esta vez no son bolsas de portland sino cilindros de hormigón -los mismos que se usan en las hormigoneras para hacer las pruebas de resistencia del material- acompañados de diferentes imágenes impresas en polyester que cuelgan imperceptiblemente desde el techo. El contraste entre la solidez de la base de hormigón y la ligereza de las «hojas» suspendidas en el aire son la impronta de la obra La Persistencia.
Recuerdos
Lejtreger guarda papelitos, fotografías y postales en bolsitas, en cajitas, en carpetas y hasta en el patio de la casa de su hermano, tal el caso de las probetas de cemento que utiliza para algunas de sus instalaciones.
Dentro de una de esas cajas hay un recuerdo muy especial, que conserva desde su infancia: «tengo una historia de infancia con Idea (Vilariño); de cuando más o menos tenía 10 años. Veraneábamos en Las Toscas y veíamos una casa rara, misteriosa, en medio de una manzana. Era la de ella. Era una crack: nos había regalado unas postalitas dedicadas a las «amiguitas» de Las Toscas. Diez años después me di cuenta de que esa señora era Idea Vilariño, la gran poetisa uruguaya.»
El arte, el trabajo y la vida cotidiana son un todo. «Todos los trabajos son parte de la misma cosa. En algunos hay un énfasis más importante en lo profesional y lo técnico y en otro el énfasis está en lo subjetivo. Pero para mí todas las cosas se entremezclan», aseguró.
En 2007, Lejtreger trabajó con los ciudadanos afectados por las inundaciones en los departamentos de Durazno, Soriano y Treinta y Tres.
«Para mí fue un trabajo muy grande y movilizador. Trabajé muchísimo tiempo y sentía como que no terminaba. Durante todo ese tiempo junté historias y fotos, escribí cosas y con todo eso presenté una instalación que se hizo en el Subte Municipal en el marco de una muestra Internacional acerca del Cambio Climático y fue recién ahí cuando sentí que terminé el trabajo. El arte y el trabajo tenían todo que ver uno con el otro», confesó.
E insiste: «El arte está en todas las cosas, tiene que ver con la emotividad puesta en cada una de las cosas y con la sensibilidad, a veces considerada una debilidad; para mí es al revés, es lo que sostiene los vínculos humanos, que son los que posibilitan cualquier trabajo».
Desafíos
Sobre su trabajo en clave política, la artista dice que «tiene todo ese halo del honor, del desafío del nombramiento y la tendencia general de todos con los que te cruzás es que te hablen de lo difícil que puede ser, de la responsabilidad que te tocó. Pero yo solo puedo disfrutarlo: es el momento de hacer y está la oportunidad de hacer cosas. Yo estoy feliz: a lo mejor soy un tanto inconsciente pero a lo mejor es esa cuota necesaria para animarse a hacer cosas y disfrutarlas y generar un entorno positivo».
Por otro lado, el arte bascula. «Utilizo el arte para presentar temas que pueden ser muy técnicos, incluso he trabajado con artistas en ese tipo de cosas. El año pasado en un evento internacional sobre Migraciones y Cambio Climático, muy protocolar, hice una presentación en conjunto con el artista visual Brian Mackern que trabaja con medios digitales, y él tenía un material sobre el temporal de Santa Rosa, que incluía un poema y sonidos, y fue mediante esa conjunción con las imágenes que pude expresar lo que necesitaba para la ponencia». Para la artista es fundamental el proceso creativo. «Por eso voy siempre a unos encuentros que se llaman Dorkbot donde van artistas que en general trabajan con nuevos medios y muestran el trabajo en proceso y es como una manera de abrir su pensamiento».
Las palabras
Los que la conocen y trabajan con ella saben que Lejtreger inventa muy a menudo palabras, sobre todo para acentuar conceptos o para describir emociones. «El otro día hablábamos de algo que era feo, muy feo y horrible y no alcanzaba para remarcar la característica, lo que estaba viendo era ´la horriblez´», desde ese momento «horriblez» como tantos otros inventos ya forman parte del diccionario Lejtreger. «En el ministerio el primer trabajo que me tocó fue coordinar la redacción del plan quinquenal de Vivienda, es algo difícil, es un texto que se vuelve una ley después, y yo lo empecé a llenar de poesía. Y finalmente cuando lo presentamos a todos los directores me terminaron diciendo «bueno, vos escribís así y lo que tiene que decir lo dice , y quedó», recuerda.
Construyendo con la sensibilidad
26/Mar/2012
El Observador, Eleonora Navatta